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El movimiento como base del desarrollo: recomendaciones por etapa en la infancia

Desde la kinesiología sabemos que el movimiento es fundamental en todas las etapas de la vida. A través de él desarrollamos fuerza, coordinación, equilibrio y conciencia corporal, pero también aspectos cognitivos y emocionales como la atención, la seguridad personal y la autonomía.

En la infancia, el movimiento no es un complemento: es la base del desarrollo. Los niños aprenden con todo el cuerpo, explorando, probando, cayendo, volviendo a intentar y jugando. Por eso, especialmente en verano, cuando hay más tiempo, menos rutina y más espacio,  es clave ofrecer oportunidades de juego activo y libre.

 

Primera infancia (0 a 2 años): descubrir el cuerpo y el entorno

En esta etapa, el movimiento está directamente ligado al descubrimiento del mundo. Rodar, gatear, sentarse, ponerse de pie y caminar son hitos fundamentales.

Recomendaciones:

  • Favorecer el tiempo en el suelo, en superficies seguras y variadas.
  • Permitir que el niño explore libremente, sin adelantar posturas.
  • Ofrecer objetos que inviten a empujar, alcanzar, girar o trasladar.

 

Etapa preescolar (3 a 5 años): coordinar, trepar, imaginar

Entre los 3 y 5 años, los niños desarrollan mayor control corporal y comienzan a integrar movimiento e imaginación.

Recomendaciones:

  • Juegos que incluyan trepar, pasar por debajo, entrar y salir de espacios.
  • Actividades que desafíen el equilibrio y la coordinación, como circuitos simples.
  • Espacios de juego donde puedan usar el cuerpo para representar historias.

 

Edad escolar temprana (6 a 9 años): fortalecer y organizar el movimiento

Aquí el cuerpo se vuelve más preciso. Los niños pueden planificar movimientos, sostener posturas y coordinar acciones más complejas.

Recomendaciones:

  • Juegos que combinen fuerza, equilibrio y coordinación.
  • Actividades de construcción que impliquen mover piezas, levantar, ensamblar y reorganizar.
  • Alternar momentos de movimiento intenso con pausas activas.

 

Pre-adolescencia (10 a 12 años): conciencia corporal y confianza

En esta etapa, el movimiento ayuda a fortalecer la autoestima y la relación con el propio cuerpo.

Recomendaciones:

  • Fomentar actividades donde el cuerpo sea una herramienta, no un juicio.
  • Priorizar el disfrute por sobre el rendimiento.
  • Mantener espacios de juego libre, no solo deporte estructurado.

 

El juego activo: cuerpo y mente en conjunto

El juego activo no es solo gasto de energía. Desde la kinesiología entendemos que es una experiencia integral: desarrolla coordinación, equilibrio, fuerza, confianza corporal, concentración y bienestar emocional.

Cuando los niños se mueven jugando, el aprendizaje ocurre de manera natural, sin exigencias externas. El cuerpo aprende mientras juega.

Acompañar el desarrollo motor no requiere grandes planes ni rutinas complejas. Muchas veces basta con ofrecer tiempo, espacio y materiales que inviten al movimiento y a la exploración.

Especialmente en verano, el juego activo es una oportunidad para que los niños crezcan, se fortalezcan y disfruten con todo el cuerpo.

Estimulación del habla y habilidades sociales a través del juego colaborativo con bloques magnéticos

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